Hoy hemos tenido el día de Portaje, de su pantano, de su agua, de sus peces, y sobre todo de su trasvase. No tengo la fuerza moral de poder alabar o criticar lo que se alaba o critica, dado que no tengo capacidad técnica para determinar la viabilidad de un proyecto como este, o quizás si, como hace nuestra Alcaldesa, como hace el señor Tabares, como hace el señor López y como lo remata el señor de la calle; menos mal que el señor Primer Teniente de Alcalde se mantiene al margen que si no sería capaz de cambiar el nombre al pueblo. La defensa a ultranza de algo que desconocemos nos lleva a la senda del error, error del ignorante, error del vasallo, error de aquel que aunque no este convencido de lo que hace o dice, debe cometer para defender su trono, su status. La verdad que me da igual si el proyecto de portaje es mejor o peor que el de Almonte, si el agua tiene mejor o peor calidad, ¿le importa a nuestros políticos estas cuestiones? Yo creo que no. Aquello que me da verdadero pavor, son las fechas en las que nos encontramos, finales de año, finalización del presupuesto, y con él la finalización de todas sus partidas, creo haber leído en los medios de comunicación que la partida presupuestaria para el trasvase alcanzaba los 20 millones de euros, incluyéndose en esta cantidad el inicio de las obras. La inauguración de las obras responde de forma indubitada a no perder estos fondos presupuestados, ahora viene mi horror, para no perder estos fondos se debe certificar qué se ha ejecutado y su coste, si con el acto de la inauguración se justifican las partidas presupuestarias ¡qué caro sale inaugurar!…
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